El pasado 29 de enero el obispo Raúl Vera ofició su ultima misa luego de permanecer 20 años al frente de la diócesis de Saltillo; durante 45 minutos habló de la comida basura, covid y pobreza, la clase política y el crimen organizado. Siempre enfrentó amenazas de militares, del poder político y de cárteles debido a su proyecto de edificar una Iglesia que fuera “cercana al mundo y para el mundo”, se destacó por su defensa de los derechos humanos, el apoyo de las reivindicaciones de mejora laboral de los mineros y demás trabajadores de la región, también la causa migrante y a los colectivos LGBTI+.


Durante una entrevista Raúl Vera López se dijo consciente de que su gestión fue incómoda para el Vaticano, pero no necesariamente para el papa Francisco. –Para el papa Francisco, de ninguna manera. Eso sí, vengo a resultar un obispo incómodo para una estructura que todavía queda dentro de la curia romana con una visión al estilo todavía incluso preconciliar. No sé, les parezco una persona incómoda, pero yo no creo que para las personas que tengan la mente del papa Francisco, que le damos gracias, que es un obispo que nace de este fermento nuevo de Iglesia que generaron los obispos latinoamericanos, no creo que tenga que ser una persona incómoda –señaló.


Su labor por la defensa de víctimas y desprotegidos le valió ser reconocido por la Fundación noruega de derechos humanos Rafto en el año 2010 y también ha estado nominado en tres ocasiones al Premio Nobel de la Paz.

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